Cuántas veces en la vida en momentos de dificultad y de adversidad nos preguntamos ¿Por qué a mí?, ¿Por qué me sucede esto?, ¿Por qué este sufrimiento?. Y es que le tenemos tanto miedo al dolor que nos es muy difícil soportarlo, y se hace aún más difícil cuando tratamos de encontrar la respuesta a esta gran interrogante. ¿Por qué a mí? Está pequeña interrogante llega a transformarse en una obsesión, y muchas veces nos quita la paz y si no llegamos a controlarla a tiempo, nos amargara para siempre y en lugar de luchar por salir adelante, llegamos a resentirnos y a convencernos que todo es una gran injusticia y lo único en nuestra cabeza es ¿Por qué a mí?, ¿Por qué si no he hecho nada malo?, ¿Por qué, si siempre voy a la iglesia?, ¿Por qué si soy tan bueno?


Es por eso que hoy te digo que esto es solo para Valientes; porque sólo con valor, podremos superar estos momentos difíciles de nuestra vida. Dejemos que los Cobardes, se amarguen la vida, rumiando su dolor. Nosotros tenemos que superar cualquier mal momento con mucho valor y salir adelante.

Sabes, también yo me hice está famosa pregunta en varios momentos de mi vida. Cuando estaba atravesando momentos muy difíciles, sentía que por un momento la vida se puso en contra de mí y que Dios me había abandonado. Estando en ese momento de dolor y tristeza en mi habitación, vino a mi mente algo que cierta vez leí, que decía así; “sufrimos porque no le encontramos explicación a nuestro dolor, y nos atormentamos buscándole una razón al por qué”. Y con esto quiero decirte hace muchísimos años atrás existió un ser; maravilloso, que nunca hizo nada malo. Más sin embargo, sufrió horriblemente pero nunca se preguntó. ¿Por qué a mí?, ¿Por qué le ocurría eso a Él?, si nunca pecó, si nunca hizo algo malo. Y, cuando su piel se habría en heridas profundas que sangraban, cuando de su frente caían gotas de sangre; por las espinas que le pusieron, cuando Él caía una, y otra vez por el peso de esa gran Cruz que le hicieron cargar. Cuando sus ojos buscaban amor y sólo encontraba desprecio, maldad y como recompensa recibía insultos, y pedradas, cuando  sus "amigos" le traicionaron. 

En todos estos momentos. Él nunca se preguntó ¿Por qué a mí?, sino que sufrió todo eso por amor. Por ese inmenso amor que nos tiene, y además porque tenía un propósito; el de liberarnos del pecado y darnos la esperanza de una vida nueva eterna. 

Ahora que sabemos esto: Cuando algo nos dañe o decepcione, ya no nos martiricemos preguntándonos ¿por qué yo?, si Cristo con ser Él tan bueno, sufrió tanto, ¿por qué voy a pensar que yo merezco más que Cristo? Y, más aún. Cuando algo te ocurra, buscale un propósito. Es decir una finalidad a ese dolor o problema; entonces ocurra lo que ocurra, entrégale ese dolor o problema a Dios y vas a ver que se vuelve fácil cargar con esa cruz. Además, al cargarla, es como si estuvieses respondiendo a esa mirada suplicante de nuestro Señor y fueses hasta donde Él está, y le ayudases con esa cruz tan pesada. Que fácil es así soportar cualquier dolor; es más, puedes estar sufriendo, pero no estarás triste porque la alegría de Cristo estará contigo.

Hay algo más que quiero agregar: Dios jamás nos dará una cruz más pesada de la que podamos cargar. 
Él nos da la cruz justa, a nuestra medida. Les cuento algo que a mí me conmovió:
Había una vez una persona cansada de cargar su cruz; renegaba de su vida, y sus días eran tristes y amargos. De pronto, cierto día, se le apareció Jesús y le preguntó qué le ocurría. Entonces, se quejó a Él diciéndole que la cruz que le había dado era demasiado pesada para sus fuerzas y que no podía cargarla. El Señor le respondió: Bien, entonces, elige tú la que deseas y le mostró unas cuantas cruces. Este hombre empezó a probar cuál de las cruces le convenía. Primero se probó una y le resultó demasiada pesada, horriblemente pesada, luego se probó otra y otra, y también ocurrió lo mismo. Hasta que su mirada fue hacia la cruz más pequeñita, caminó hacia ella, se la colocó y vio que era a su perfecta medida. Entonces dijo: Señor me quedo con ésta. Jesús responde: ¿Estás seguro de que podrás con ella?. Y el hombre dice: Si, ésta es la más pequeña y me va a la perfección. Entonces Él le responde: "Es justamente la cruz que yo te había dado y la cual tú cargabas".

Con esto quiero finalizar y decirte, que cuando algo nos dañe o cuando pensemos que el dolor es mayor que nuestras fuerzas, disipemos aquella idea, porque Dios, nos da a cada uno la cruz, exactamente a nuestra medida.
Y, cuando sintamos que las fuerzas nos abandonan, sólo alcemos la mirada al cielo, y cual niños pequeños llamemos a Cristo a gritos y estemos seguros de que "Él acudirá inmediatamente en nuestra ayuda, vendrá en respuesta a nuestros gritos de dolor, nuestra fe y nuestra esperanza".

¿Aún te parece demasiado pesada tu cruz?. Seguirás preguntándote ¿por qué a mi? y ¿qué harás en adelante?. ¿Actuarás como un VALIENTE o como un simple COBARDE?.

¡Sólo tú tienes la respuesta!