Una vez a un hombre le preguntaron  ¿Qué ganas con orar a Dios?, el hombre muy amable dijo: Cuando oro no gano nada,  pero déjame decirte lo que pierdo cuando oro: pierdo inseguridad, odio, amargura, envidia, celos, ego, afanes, problemas y depresión.  


¿Qué nos enseña esta historia del señor, al cual le preguntaron qué ganaba con orar? 
Nos enseña que a veces la respuesta a la oración no es ganar sino más bien es perder. Perder esa inseguridad que no nos deja alcanzar lo que tanto queremos. Cuando oramos perdemos ese odio, ese rencor que tenemos contra algunas personas que nos han hecho mucho daño, también perdemos esa amargura que no deja que el gozo de Dios se manifieste en nuestra vida, perdemos esos celos que no nos deja ver las cosas como son, perdemos ese ego, esos afanes del que ¿pasara? ¿por qué?, y perdemos todos esos problemas que nos abaten, que poco a poco van disminuyendo nuestra fe y nos  van deprimiendo pero cuando oramos todo eso se va.

El orar no es siempre ganar algo, si no también perder  algo y dejarse cambiar y moldear por Dios. Cuando ores no pienses en que vas a ganar, porque al momento de pensar eso, lo que estás haciendo es dudar y en (Santiago 1.6 TLA) dice "Eso sí, debe pedirle con la seguridad de que Dios se la dará. Porque los que dudan son como las olas del mar, que el viento lleva de un lado a otro." Claramente nos dice que pidamos con la seguridad de que Dios nos dará lo que le estamos pidiendo en oración, sin dudar. Acaso Dios no nos dice "CLAMA A MI Y YO TE RESPONDERÉ" (Jeremías 33.3).

Joven al orar no dudes, Dios te dará todo lo que le pidas en secreto, el orar no se trata de que ganaras, o que perderás, si no mas bien es hablar con Dios, hablar con tu padre y decirle que él haga su voluntad en ti. Dios tiene grandes cosas para ti, pero él quiere que tú le ores con FE, creyendo que lo que le estás pidiendo lo recibirás, y cuando ores Dios quitará todo lo malo que hay en ti. 

Con esto quiero terminar en (Salmos 145.18) dice que el señor está cerca de quienes lo invocan, de quienes le oran y le hablan en verdad. Comencemos a tomar esa actitud de orar día con día en verdad, y no dejes que personas no creyentes boten tu fe y tu creencia en Dios. Confía y Cree siempre en tu padre celestial porque él no es hombre para mentir. 

Dios Te Bendiga.


Autor: Andrés Villela (@Actitud Cristiana)